Los hebreos pensaban que la “tierra prometida” sería suya simplemente con llegar a ella. ¡Qué equivocados estaban! Así como Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) se olvidó de la promesa que le hizo a Israel antes de enviarlo a Egipto, la promesa de ir con él:


Génesis


46:3 Y dijo: Yo soy Dios, el Dios de tu padre; no temas de descender a Egipto, porque allí yo haré de ti una gran nación.


46:4 Yo descenderé contigo a Egipto, y yo también te haré volver; y la mano de José cerrará tus ojos.


       También olvidó apartar el territorio que les prometió. Grande fue la frustración de los hebreos cuando descubrieron que la tierra que les había sido prometida ya estaba ocupada, tan frustrados se sentían que estaban dispuestos a matar a Moisés y a Aarón antes de regresar a Egipto. Nadie sabe que más les dijo Moisés, además de suplicar por su vida, pero lo que haya sido, funcionó. En lugar de regresar a Egipto, anduvieron errantes en el desierto durante 40 años hasta que estuvieron listos para tomar por la fuerza lo que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) fácilmente pudo haber apartado para ellos.


       Como todos sabemos, el general escogido por Moisés para guiar al ejército hebreo fue Josué. Él y su ejército habían tomado las ciudades al oeste del Jordán, y era hora de enfrentar la primera ciudad de la “tierra prometida”, Jericó.

Lo primero que hizo fue esto:


Josué


2:1 Josué hijo de Nun envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí.


       Josué envió dos espías a Jericó. Una vez más, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) no sabía nada de los enemigos de sus hijos. Podía matar primogénitos inocentes, pero no sabía espiar, y eso que mora allá arriba. Que tan difícil hubiera sido echar un vistazo y decirle a Josué todo lo que pasaba. Hubiera sido mejor que hubiera ordenado, “No espiarás,” en lugar de “No matarás.” Porque podía matar fácilmente, pero por alguna razón, no podía recolectar inteligencia para su ejército.


       Esa es otra prueba más de que dios no hablaba con Josué. Los levitas no podían ver lo que había más allá del Jordán; por lo tanto su dios no podía, tampoco.


       Después de obtener la información que necesitaban, Josué y su ejército sitiaron la ciudad durante siete días y esto es lo que pasó:


Josué


6:20 Entonces el pueblo gritó, y los sacerdotes tocaron las bocinas; y aconteció que cuando el pueblo hubo oído el sonido de la bocina, gritó con gran vocerío, y el muro se derrumbó. El pueblo subió luego a la ciudad, cada uno derecho hacia adelante, y la tomaron.


6:21 Y destruyeron a filo de espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos.


6:22 Mas Josué dijo a los dos hombres que habían reconocido la tierra: Entrad en casa de la mujer ramera, y haced salir de allí a la mujer y a todo lo que fuere suyo, como lo jurasteis.


6:23 Y los espías entraron y sacaron a Rahab, a su padre, a su madre, a sus hermanos y todo lo que era suyo; y también sacaron a toda su parentela, y los pusieron fuera del campamento de Israel.


6:24 Y consumieron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había; solamente pusieron en el tesoro de la casa de Jehová la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro.


6:25 Mas Josué salvó la vida a Rahab la ramera, y a la casa de su padre, y a todo lo que ella tenía; y habitó ella entre los israelitas hasta hoy, por cuanto escondió a los mensajeros que Josué había enviado a reconocer a Jericó.


6:26 En aquel tiempo hizo Josué un juramento, diciendo: Maldito delante de Jehová el hombre que se levantare y reedificare esta ciudad de Jericó. Sobre su primogénito eche los cimientos de ella, y sobre su hijo menor asiente sus puertas.


6:27 Estaba, pues, Jehová con Josué, y su nombre se divulgó por toda la tierra.


       La tradición dice que los sacerdotes tocaron las trompetas y los soldados gritaron para derribar los muros de Jericó. También cuenta de una ramera, Rahab, quien ayudó a los espías.


       Probablemente fue la prostituta la que abrió las puertas desde adentro para que pudieran entrar a masacrar a la población, niños y ancianos incluidos. Sí. Por sorprendente que suene, aniquilaron a todos. ¿No podían los hijos de Israel, los hijos de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) tener piedad? No podían ser piadosos porque su dios no lo era. Les había ordenado matar a todos los seres vivos de esa ciudad y gracias a la ramera lo pudieron hacer:


Josué


6:17 Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos.


       Como dije antes, matar bebés y niños cananeos no le perturbaba a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová). Lo que realmente aborrecía era que su gente le desobedeciera. Lee lo que le pasó a Acán por tomar de las cosas que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) les tenía prohibido:


Josué


7:1 Pero los hijos de Israel cometieron una prevaricación en cuanto al anatema; porque Acán hijo de Carmi, hijo de Zabdi, hijo de Zera, de la tribu de Judá, tomó del anatema; y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.


       ¿Puedes ver la verdadera personalidad de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová)? No es tan piadoso, benevolente, amoroso, indulgente y justo como todos quieren creer que es. ¿Qué le hace un juez al acusado de cometer un crimen? Lo condena, ¿verdad? Y a su familia no la molesta. Bueno. El siempre “justo” Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) no solamente castigó a Acán por su falta, ¡sino a toda la congregación! Y tal vez digas, “Bueno, Acán sólo robó algunas cosas, su castigo no pudo haber sido muy serio. Estás totalmente equivocado. El castigo fue la pena de muerte.


       Lee los siguientes pasajes:


Josué


7:2 Después Josué envió hombres desde Jericó a Hai, que estaba junto a Bet-avén hacia el oriente de Bet-el; y les habló diciendo: Subid y reconoced la tierra. Y ellos subieron y reconocieron a Hai.


7:3 Y volviendo a Josué, le dijeron: No suba todo el pueblo, sino suban como dos mil o tres mil hombres, y tomarán a Hai; no fatigues a todo el pueblo yendo allí, porque son pocos.


7:4 Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai.


7:5 Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por lo cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua.


7:6 Entonces Josué rompió sus vestidos, y se postró en tierra sobre su rostro delante del arca de Jehová hasta caer la tarde, él y los ancianos de Israel; y echaron polvo sobre sus cabezas.


7:7 Y Josué dijo: ¡Ah, Señor Jehová! ¿Por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán!


7:8 ¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos?


7:9 Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre?


7:10 Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro?  


7:11 Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres.


7:12 Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros.


       Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) dejó que los amoritas mataran a 36 hebreos como castigo por lo que Acán hizo. Pero ninguno de ellos era Acán. Todos ellos eran inocentes. Esto es lo que le pasó a él:


Josué


7:15 y el que fuere sorprendido en el anatema, será quemado, él y todo lo que tiene, por cuanto ha quebrantado el pacto de Jehová, y ha cometido maldad en Israel.


       ¡Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) ordenó que Acán fuera quemado! (Ahora sé de dónde sacó la inquisición la idea de quemar a la gente. La única diferencia era que ellos no quemaban las pertenencias de los sentenciados junto con ellos. Se las quedaban.) Afortunadamente para Acán, Josué y su gente primero lo lapidaron y después lo quemaron.


       Pero ¿qué pudo haber hecho? Tal vez te estés preguntando, para merecer esa muerte tan cruel. ¿Acaso mató bebés y niños? Sí, sí lo hizo. Pero no fue por eso que lo sentenciaron a muerte. Lo sentenciaron por robar. Aquí están las cosas que se robó:


Josué


7:20 Y Acán respondió a Josué diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así he hecho.


7:21 Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello.

Como puedes ver, en los ojos de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) robar es peor que matar.


       ¡Realmente hizo Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) todo esto? Claro que no. Josué como Moisés antes que él, no estaba recibiendo ordenes de ningún ser celestial. Hizo lo que tenía que hacer para controlar a sus soldados. Si permitía que el robo de Acán quedara impune, el resto de los soldados haría lo mismo, y pronto estaría liderando, no un ejército, sino una turba. Tenía que mantener el orden en sus filas. Él sabía que los soldados de Hai eran muchos y bien entrenados. Aún así, envió solamente 3,000 soldados a enfrentarlos para darles una lección a los hijos de Israel. Estoy seguro que después de la derrota les dijo, “¿Ven lo que pasa cuando desobedecen las ordenes de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová)? Nos abandona y perdemos. Lo necesitamos de nuestro lado para poder ganar. No hagan esto otra vez y siempre seremos victoriosos.”


       Cuando los escritores originales de la biblia decidieron incorporar estos fantasiosos pasajes, intentaban enseñarle a su generación lo que Josué intentó enseñarle a la suya; que ellos realmente necesitaban a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) de su lado para ganar. El problema era que al hacerlo, estaban pintando a su dios como un monstruo que mataba  bebés, niños y hasta sus propios hijos inocentes.


       La otra intención de los levitas era darle una explicación a las nuevas generaciones de el por qué algunas  veces perdían. Probablemente los jóvenes de ese entonces se preguntaban lo mismo que me pregunto yo ahora. Tal vez le inquirían al vidente en turno, “¿Por qué, si Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) es tan poderoso como para poder enviar plagas a Egipto; matar miles de primogénitos inocentes; dividir las aguas del Mar Rojo; hacer brotar agua de una roca; hacer caer pan del cielo; hablar desde una nube; escribir en piedras; y aún así perdemos? Entonces, el sacerdote habría contestado, “Perdemos porque nuestra gente escoge caminar por un sendero diferente al que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) ha escogido para nosotros. Cuando no hacemos lo que él nos manda, se enoja con nosotros y nos abandona. Y cuando considera que hemos sufrido lo suficiente, envía a un mesías a salvarnos de la tiranía que él mismo nos ha impuesto.”


       Continuemos con Josué y su conquista. Después de la debacle de Hai, decidió llevar, no 3,000 soldados, sino 5,000 con el propósito de arrasar la ciudad.


       Leamos lo que la biblia tiene que decir al respecto:


Josué


8:12 Y tomó como cinco mil hombres, y los puso en emboscada entre Bet-el y Hai, al occidente de la ciudad.


8:13 Así dispusieron al pueblo: todo el campamento al norte de la ciudad, y su emboscada al occidente de la ciudad, y Josué avanzó aquella noche hasta la mitad del valle.


8:14 Y aconteció que viéndolo el rey de Hai, él y su pueblo se apresuraron y madrugaron; y al tiempo señalado, los hombres de la ciudad salieron al encuentro de Israel para combatir, frente al Arabá, no sabiendo que estaba puesta emboscada a espaldas de la ciudad.


8:15 Entonces Josué y todo Israel se fingieron vencidos y huyeron delante de ellos por el camino del desierto.


8:16 Y todo el pueblo que estaba en Hai se juntó para seguirles; y siguieron a Josué, siendo así alejados de la ciudad.


8:17 Y no quedó hombre en Hai ni en Bet-el, que no saliera tras de Israel; y por seguir a Israel dejaron la ciudad abierta.


8:18 Entonces Jehová dijo a Josué: Extiende la lanza que tienes en tu mano hacia Hai, porque yo la entregaré en tu mano. Y Josué extendió hacia la ciudad la lanza que en su mano tenía.


8:19 Y levantándose prontamente de su lugar los que estaban en la emboscada, corrieron luego que él alzó su mano, y vinieron a la ciudad, y la tomaron, y se apresuraron a prenderle fuego.


8:20 Y los hombres de Hai volvieron el rostro, y al mirar, he aquí que el humo de la ciudad subía al cielo, y no pudieron huir ni a una parte ni a otra, porque el pueblo que iba huyendo hacia el desierto se volvió contra los que les seguían.


8:21 Josué y todo Israel, viendo que los de la emboscada habían tomado la ciudad, y que el humo de la ciudad subía, se volvieron y atacaron a los de Hai.


8:22 Y los otros salieron de la ciudad a su encuentro, y así fueron encerrados en medio de Israel, los unos por un lado, y los otros por el otro. Y los hirieron hasta que no quedó ninguno de ellos que escapase.


8:23 Pero tomaron vivo al rey de Hai, y lo trajeron a Josué.


8:24 Y cuando los israelitas acabaron de matar a todos los moradores de Hai en el campo y en el desierto a donde los habían perseguido, y todos habían caído a filo de espada hasta ser consumidos, todos los israelitas volvieron a Hai, y también la hirieron a filo de espada.


8:25 Y el número de los que cayeron aquel día, hombres y mujeres, fue de doce mil, todos los de Hai.


8:26 Porque Josué no retiró su mano que había extendido con la lanza, hasta que hubo destruido por completo a todos los moradores de Hai.


       A diferencia de la estrategia usada en Jericó, las tácticas de guerra descritas en estos pasajes son más mundanas que divinas. ¿Por qué no sonaron las trompetas y gritaron para derribar las paredes esta vez? ¿Acaso había Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) perdido sus poderes? O ¿podría ser que después de la primera batalla, los moradores de Hai los estaban esperando y todas las puertas estaban bien resguardadas? O mejor aún, ¿podría ser que no había rameras en Hai que abrieran las puertas?


       Cualquiera que haya sido la razón, Josué y su ejército, nuevamente, no dejaron a nadie vivo.


       Mataron a 12,000 personas: bebés, niños, mujeres, hombres y ancianos. Al parecer, no sabían lo que era la misericordia. Tenían una misión: aniquilar a todo ser humano que estuviera en “su tierra”.


       Pero el territorio estaba vacante cuando los cananeos, los amorreos, los heteos, etc. llegaron allí. ¿Por qué tenían que pagar con su propia vida ahora? ¿Por qué Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) no puso un letrero que dijera, “Prohibido el paso. Esta es la tierra que le prometí a los hijos de Israel.” O, si él sabía que la gente no sabía leer, ¿Por qué no puso algunas de las espadas flameantes, como las que puso alrededor del árbol del conocimiento que estaba en el edén, para evitar que Adán y Eva comieran más fruta? Eso habría sido infalible. Tal vez haya sido porque Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) no sabía cuál pedazo de tierra iba Moisés a escoger para convertirla en “la tierra prometida”. Porque, no lo dudes, fue Moisés quien la escogió, no Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová). Si el escoger hubiera sido facultad de dios, habría escogido Egipto. Era mucho más fértil; sus hijos lo conocían mejor; no hubieran tenido que vagar 40 años por el desierto, y no habrían tenido que derramar su sangre para conseguir lo que era de ellos. Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) hubiera podido convencer a los egipcios de que desocuparan la tierra. O si no querían irse por sí mismos, hubiera podido hacer caer fuego del cielo, como lo hizo en Sodoma y Gomorra, y exterminar a todos los moradores.


       Pero como sabemos, eso sólo lo podía haber hecho un dios todopoderoso. Para un simple mortal como Moisés, Egipto no era opción. El faraón tenía el ejército más poderoso de ese entonces. Moisés sabía que una revuelta hebrea nunca prosperaría. Tenía que salir del imperio egipcio y desafiar a pueblos que pudiera derrotar, como los cananeos.


       Continuemos leyendo la toma de la “tierra prometida”. Después de Hai, se dirigieron a Gibón:


Josué


9:17 Y salieron los hijos de Israel, y al tercer día llegaron a las ciudades de ellos; y sus ciudades eran Gabaón, Cafira, Beerot y Quiriat-jearim.


9:18 Y no los mataron los hijos de Israel, por cuanto los príncipes de la congregación les habían jurado por Jehová el Dios de Israel. Y toda la congregación murmuraba contra los príncipes.


9:27 Y Josué los destinó aquel día a ser leñadores y aguadores para la congregación, y para el altar de Jehová en el lugar que Jehová eligiese, lo que son hasta hoy.


       La congregación estaba sedienta de sangre, pero los príncipes de Israel sabían cuando hacer alianzas. Además, ahora que eran soldados profesionales, necesitaban a otros para que hicieran los quehaceres ordinarios como, cortar leña, o acarrear agua, porque esas actividades estaban más allá de los poderes de Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová).


       Lo que realmente me sorprende es lo siguiente: en estos pasajes, Josué no parece ser tan sanguinario como lo fue con las otras ciudades. Los dejó vivir. Esta habría sido una excelente oportunidad para que los autores de la biblia dijeran que su dios algunas veces era piadoso. Debieron haber escrito, “Y el señor le dijo al Josué: déjalos vivir para que te sirvan.” Mas por el contrario, el pentateuco dice que Josué tomó esta decisión por sí mismo:


Josué


9:14 Y los hombres de Israel tomaron de las provisiones de ellos, y no consultaron a Jehová.


Me alegro de que Josué no haya consultado a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) en lo concerniente a este asunto, porque él le habría dicho, “MÁTALOS A TODOS.”


       Después de esta alianza, Josué y su ejército continuaron para encarar a los amorreos:


Josué


10:9 Y Josué vino a ellos de repente, habiendo subido toda la noche desde Gilgal.


10:10 Y Jehová los llenó de consternación delante de Israel, y los hirió con gran mortandad en Gabaón; y los siguió por el camino que sube a Bet-horón, y los hirió hasta Azeca y Maceda.


10:11 Y mientras iban huyendo de los israelitas, a la bajada de Bet-horón, Jehová arrojó desde el cielo grandes piedras sobre ellos hasta Azeca, y murieron; y fueron más los que murieron por las piedras del granizo, que los que los hijos de Israel mataron a espada.


10:14 Y no hubo día como aquel, ni antes ni después de él, habiendo atendido Jehová a la voz de un hombre; porque Jehová peleaba por Israel.


10:15 Y Josué, y todo Israel con él, volvió al campamento en Gilgal.


10:16 Y los cinco reyes huyeron, y se escondieron en una cueva en Maceda.


10:17 Y fue dado aviso a Josué que los cinco reyes habían sido hallados escondidos en una cueva en Maceda.


10:18 Entonces Josué dijo: Rodad grandes piedras a la entrada de la cueva, y poned hombres junto a ella para que los guarden;


10:19 y vosotros no os detengáis, sino seguid a vuestros enemigos, y heridles la retaguardia, sin dejarles entrar en sus ciudades; porque Jehová vuestro Dios los ha entregado en vuestra mano.


10:20 Y aconteció que cuando Josué y los hijos de Israel acabaron de herirlos con gran mortandad hasta destruirlos, los que quedaron de ellos se metieron en las ciudades fortificadas.


10:21 Todo el pueblo volvió sano y salvo a Josué, al campamento en Maceda; no hubo quien moviese su lengua contra ninguno de los hijos de Israel.       


10:25 Y Josué les dijo: No temáis, ni os atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis.


10:26 Y después de esto Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche.


10:28 En aquel mismo día tomó Josué a Maceda, y la hirió a filo de espada, y mató a su rey; por completo los destruyó, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo al rey de Maceda como había hecho al rey de Jericó.


       Una vez más, Josué se vuelve sanguinario, y una vez más, fue porque Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) le dijo que los matara a todos; sólo que esta vez, no se limitó a decirle que matara. Él mismo participó en la masacre. Tenía una gran sorpresa guardada para los que huían, pensando que habían escapado de la furia de los israelitas. Para sus hijos, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) hacía llover maná del cielo, pero para sus enemigos, creaba una lluvia de rocas, enormes peñas que los aplastaban. Esta vez, sin embargo, mostró algo de piedad. Dejó vivir a los que se refugiaron en ciudades con vallas. O ¿sería porque no los pudieron alcanzar los soldados israelitas? Porque no creo que esas ciudades hayan tenido un escudo que las protegiera de las enormes rocas que, supuestamente, estaban cayendo.


       Y las matanzas continuaban:


Josué


10:29 Y de Maceda pasó Josué, y todo Israel con él, a Libna; y peleó contra Libna;


10:30 y Jehová la entregó también a ella y a su rey en manos de Israel; y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; e hizo a su rey de la manera como había hecho al rey de Jericó.


Otra vez, Josué arrasó la ciudad y exterminó toda criatura viviente. Y continuó el derramamiento de sangre:


Josué


10:31 Y Josué, y todo Israel con él, pasó de Libna a Laquis, y acampó cerca de ella, y la combatió;

 

10:32 y Jehová entregó a Laquis en mano de Israel, y la tomó al día siguiente, y la hirió a filo de espada, con todo lo que en ella tenía vida, así como había hecho en Libna.


10:33 Entonces Horam rey de Gezer subió en ayuda de Laquis; mas a él y a su pueblo destruyó Josué, hasta no dejar a ninguno de ellos.


       Me pregunto cuántos hijos de Israel murieron en esas batallas. De la forma en que los autores de la biblia lo ponen, parece que ninguno:


Josué


10:34 De Laquis pasó Josué, y todo Israel con él, a Eglón; y acamparon cerca de ella, y la combatieron;


10:35 y la tomaron el mismo día, y la hirieron a filo de espada; y aquel día mató a todo lo que en ella tenía vida, como había hecho en Laquis.


10:36 Subió luego Josué, y todo Israel con él, de Eglón a Hebrón, y la combatieron.


10:37 Y tomándola, la hirieron a filo de espada, a su rey y a todas sus ciudades, con todo lo que en ella tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Eglón, así la destruyeron con todo lo que en ella tenía vida.


10:38 Después volvió Josué, y todo Israel con él, sobre Debir, y combatió contra ella;


10:39 y la tomó, y a su rey, y a todas sus ciudades; y las hirieron a filo de espada, y destruyeron todo lo que allí dentro tenía vida, sin dejar nada; como había hecho a Hebrón, y como había hecho a Libna y a su rey, así hizo a Debir y a su rey.


10:40 Hirió, pues, Josué toda la región de las montañas, del Neguev, de los llanos y de las laderas, y a todos sus reyes, sin dejar nada; todo lo que tenía vida lo mató, como Jehová Dios de Israel se lo había mandado.


10:41 Y los hirió Josué desde Cades-barnea hasta Gaza, y toda la tierra de Gosén hasta Gabaón.


10:42 Todos estos reyes y sus tierras los tomó Josué de una vez; porque Jehová el Dios de Israel peleaba por Israel.


10:43 Y volvió Josué, y todo Israel con él, al campamento en Gilgal.


       Josué aniquiló todo lo que respiraba, como su dios se lo ordenó. Para aclarar cualquier duda, en Josué 10:40, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) es el que le dice que mate, que mate y que mate.


Josué


11:1 Cuando oyó esto Jabín rey de Hazor, envió mensaje a Jobab rey de Madón, al rey de Simrón, al rey de Acsaf,


11:2 y a los reyes que estaban en la región del norte en las montañas, y en el Arabá al sur de Cineret, en los llanos, y en las regiones de Dor al occidente;


11:3 y al cananeo que estaba al oriente y al occidente, al amorreo, al heteo, al ferezeo, al jebuseo en las montañas, y al heveo al pie de Hermón en tierra de Mizpa.


11:4 Estos salieron, y con ellos todos sus ejércitos, mucha gente, como la arena que está a la orilla del mar en multitud, con muchísimos caballos y carros de guerra.


11:5 Todos estos reyes se unieron, y vinieron y acamparon unidos junto a las aguas de Merom, para pelear contra Israel.


11:6 Mas Jehová dijo a Josué: No tengas temor de ellos, porque mañana a esta hora yo entregaré a todos ellos muertos delante de Israel; desjarretarás sus caballos, y sus carros quemarás a fuego.


11:7 Y Josué, y toda la gente de guerra con él, vino de repente contra ellos junto a las aguas de Merom.


11:8 Y los entregó Jehová en manos de Israel, y los hirieron y los siguieron hasta Sidón la grande y hasta Misrefotmaim, y hasta el llano de Mizpa al oriente, hiriéndolos hasta que no les dejaron ninguno.


11:9 Y Josué hizo con ellos como Jehová le había mandado: desjarretó sus caballos, y sus carros quemó a fuego.


       Una multitud como la arena que está a la orilla del mar; no importaba cuantos reinos se unían en contra de los hijos de Israel, ellos siempre salían victoriosos. Difícilmente puedo imaginar los ríos de sangre en los que los hebreos tuvieron que caminar. Y la pestilencia, tuvo que haber durado meses. Toda esta sangre; toda estas muertes no conmovían a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová). Él seguía diciéndole a Josué, “Buen trabajo, sigue así. Juntos somos invencibles.”


       Todo este derramamiento de sangre reafirma mi teoría de que el sexto mandamiento decía, “No matarás a tu prójimo.” Y no solamente, “No matarás.” De lo contrario, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) nunca habría participado en las matanzas. O tal vez las reglas no fueron hechas para él, solamente para sus hijos:


Josué


11:10 Y volviendo Josué, tomó en el mismo tiempo a Hazor, y mató a espada a su rey; pues Hazor había sido antes cabeza de todos estos reinos.


11:11 Y mataron a espada todo cuanto en ella tenía vida, destruyéndolo por completo, sin quedar nada que respirase; y a Hazor pusieron fuego.


       Los hebreos habían cambiado de dóciles esclavos a fieros guerreros. Gracias a esa fiereza, Josué y los hijos de Israel tomaron posesión de la tierra que les había sido “prometida”.


Josué


11:23 Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme a todo lo que Jehová había dicho a Moisés; y la entregó Josué a los israelitas por herencia conforme a su distribución según sus tribus; y la tierra descansó de la guerra.


       Después de conquistar la tierra, Josué tuvo que distribuirla entre nueve tribus y media, porque las otras dos y media ya habían obtenido su herencia.


       Algunos años pasaron y Josué estaba listo para encontrase con su creador. No quería partir; sin embargo, sin asegurarse de que su gente seguiría el sendero que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) les había trazado:


Josué


24:2 Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños.


       El mismo Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) reconoce la existencia de otros dioses. Nota que no dice falsos dioses. ¿Por qué los católicos y los cristianos continúan diciendo que sólo hay uno?


24:3 Y yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del río, y lo traje por toda la tierra de Canaán, y aumenté su descendencia, y le di Isaac.


24:4 A Isaac di Jacob y Esaú. Y a Esaú di el monte de Seir, para que lo poseyese; pero Jacob y sus hijos descendieron a Egipto.


       Lo dice como si hubieran querido ir a Egipto. Fueron porque, aunque Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) podía hacer caer rocas del cielo, no podía mandar lluvia, que es más fácil.


Josué


24:5 Y yo envié a Moisés y a Aarón, y herí a Egipto, conforme a lo que hice en medio de él, y después os saqué.


       Si lo hizo, pero 430 a­ños más tarde, durante los cuales tuvieron que soportar toda clase de vejaciones.


Josué


24:6 Saqué a vuestros padres de Egipto; y cuando llegaron al mar, los egipcios siguieron a vuestros padres hasta el Mar Rojo con carros y caballería.


24:7 Y cuando ellos clamaron a Jehová, él puso oscuridad entre vosotros y los egipcios, e hizo venir sobre ellos el mar, el cual los cubrió; y vuestros ojos vieron lo que hice en Egipto. Después estuvisteis muchos días en el desierto.


24:8 Yo os introduje en la tierra de los amorreos, que habitaban al otro lado del Jordán, los cuales pelearon contra vosotros; mas yo los entregué en vuestras manos, y poseísteis su tierra, y los destruí de delante de vosotros.


24:9 Después se levantó Balac hijo de Zipor, rey de los moabitas, y peleó contra Israel; y envió a llamar a Balaam hijo de Beor, para que os maldijese.


24:10 Mas yo no quise escuchar a Balaam, por lo cual os bendijo repetidamente, y os libré de sus manos.


24:11 Pasasteis el Jordán, y vinisteis a Jericó, y los moradores de Jericó pelearon contra vosotros: los amorreos, ferezeos, cananeos, heteos, gergeseos, heveos y jebuseos, y yo los entregué en vuestras manos.


24:12 Y envié delante de vosotros tábanos, los cuales los arrojaron de delante de vosotros, esto es, a los dos reyes de los amorreos; no con tu espada, ni con tu arco.


       Ahora, Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) les dice que ellos no mataron a ningún enemigo con sus espadas y sus arcos. Les dice que los mató él sólo.


24:13 Y os di la tierra por la cual nada trabajasteis, y las ciudades que no edificasteis, en las cuales moráis; y de las viñas y olivares que no plantasteis, coméis.


       Tuvo que haber sido difícil para los hijos de Israel oír que todo el sufrimiento que pasaron en el desierto; todo el entrenamiento; todas las muertes no significaban nada, porque todo lo que tenían, se lo debían a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová).


Josué


24:14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.


24:15 Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.


24:16 Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses;


24:17 porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.


24:18 Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios.


       Aquí, toda la gente reconocía las obras que Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) realizó en su nombre.


Josué 


24:19 Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.


24:20 Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien.


       Josué los previene de no traicionar a Celoso (T.C.C. Yahvé o Jehová) porque es celoso y los lastimará.


Josue


24:21 El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.


24:22 Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.


24:23 Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel.


24:24 Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos.


24:25 Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem.


24:29 Después de estas cosas murió Josué hijo de Nun, siervo de Jehová, siendo de ciento diez años. 30 Y le sepultaron en su heredad en Timnat-sera, que está en el monte de Efraín, al norte del monte de Gaas.


       Josué murió, no antes de darle a su pueblo paz y prosperidad.


       La pregunta sigue en pie: ¿fue realmente dios quien le decía a Josué mata, mata, mata? No. Un dios divino nunca haría eso. Pero los hombres sí. Josué no recibía asesoría de dios; cuando la pedía, la recibía de los levitas.


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