De todos es conocido que Moisés realizó grandes “milagros” en su camino a la tierra prometida. La separación de las aguas del Mar Rojo fue el primero. Unos productores del History Channel  dedicaron algo de su tiempo para aclarar este asunto.


       En el filme “El éxodo decodificado” producido por Felis Golubev y Simcha Jacobovici, se trató de probar que el éxodo realmente sucedió. Dan una explicación racional a todas las plagas. Hasta explican la separación de las aguas del Mar Rojo.

Para empezar, dicen que no fue el Mar Rojo lo que Moisés dividió. Aseguran que fue una mala traducción. Afirman que, en vez de Mar Rojo, debió haber sido traducido como Mar de Juncos.

       

       También dicen que ya que era un mar de juncos, no era realmente un mar, sino un lago, porque los juncos no se dan en agua salada, sino en agua dulce.


       Tal vez tengan razón. Probablemente los obispos de Nicea pensaron que dividir un mar era mucho más impresionante que dividir un lago, así que decidieron traducir Mar Rojo, en lugar de Mar de Juncos. La conclusión del director fue que las aguas se separaron debido a un tsunami causado por el Volcán Santorini, que hizo erupción en una isla griega. 


       Hay un problema con esa teoría, sin embargo. Como pudimos constatar en el 2004 cuando un tsunami golpeó Indonesia, el agua del océano se fue de la playa durante unos cuantos minutos, y después, arrastró todo a su paso con fuerza devastadora. Considerando el gran número de hebreos que huían del ejército egipcio_ alrededor de tres millones, si la biblia está correcta_  y tomando en consideración que llevaban, no solamente bebés, sino también ganado y otros artículos, no habría habido tiempo suficiente para que todos ellos cruzaran. 


Éxodo


12:37 Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños.


       Ya es hora de que dejen de tratar de probar que todos esos “milagros” pudieron haber pasado. La llana y simple verdad es que nunca ocurrieron. Son sólo cuentos que los sacerdotes hebreos inventaron para hacer creer a su gente que su dios era realmente poderoso y podía hacer algo por ellos.


       Presenciar tal proeza habría sido, no sólo reconfortante para los hebreos, porque sabrían que el único y verdadero dios estaba de su lado, sino también aterrador. Ese sólo acto debió haber convencido a los liberados por Moisés de que él había sido realmente enviado por Yahvé o Jehová. Ese evento milagroso no podría olvidarse, especialmente en esos tiempos cuando la gente era tan supersticiosa.


       Hoy en día, enormes multitudes se reúnen en estadios y arenas alrededor del mundo para ver y oír a predicadores como Benny Hinn, Joel Osteen, etc. La gente no duda de que esos oradores pueden realizar milagros, y sólo porque piensan que aquellos han curado a algunos, y les han resuelto sus problemas. Sólo por eso, están dispuestos a donar miles de dólares y a dedicar su tiempo a ellos. Imagínate lo que harían por ellos si esos televangelistas pudieran dividir, no el Mar Rojo o el Mar de Juncos, sino sólo el Río Mississippi. La multitud se volvería loca y por siempre serían fieles a ellos. Pero, según la biblia hebrea, era realmente difícil impresionar a los antiguos hebreos. Poco después del más grande “milagro” de Moisés, se olvidaron de ello:


Éxodo


14:31 Y vio Israel aquel grande hecho que Jehová ejecutó contra los egipcios; y el pueblo temió a Jehová, y creyeron a Jehová y a Moisés su siervo.


       Aquí, los hijos de Israel, después de lo que dios le hizo a los egipcios, le temían a él y a Moisés. Pero dos meses y medio más tarde:


Éxodo


16:1  Partió luego de Elim toda la congregación de los hijos de Israel, y vino al desierto de Sin, que está entre Elim y Sinaí, a los quince días del segundo mes después que salieron de la tierra de Egipto.


16:2 Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto;


16:3 y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.


       Setentaicinco días más tarde, los hijos de Israel, que habían presenciado las plagas; habían visto a su dios matar a miles de primogénitos en la nación egipcia; habían visto a Moisés dividir las aguas del Mar Rojo o del Mar de Juncos para que ellos pudieran pasar, y habían visto a Moisés convertir el agua salada en agua potable, ¡estaban dudando de él!



       Los católicos y los cristianos de hoy en día nunca han presenciado algún milagro de tal grandeza; sin embargo, no dudan de Yahvé o Jehová, y harían cualquier cosa por él.


Éxodo


16:11 Y Jehová habló a Moisés, diciendo:


16:12 Yo he oído las murmuraciones de los hijos de Israel; háblales, diciendo: Al caer la tarde comeréis carne, y por la mañana os saciaréis de pan, y sabréis que yo soy Jehová vuestro Dios.


16:13 Y venida la tarde, subieron codornices que cubrieron el campamento; y por la mañana descendió rocío en derredor del campamento.


16:14 Y cuando el rocío cesó de descender, he aquí sobre la faz del desierto una cosa menuda, redonda, menuda como una escarcha sobre la tierra.


16:15 Y viéndolo los hijos de Israel, se dijeron unos a otros: ¿Qué es esto? porque no sabían qué era. Entonces Moisés les dijo: Es el pan que Jehová os da para comer.


16:35 Así comieron los hijos de Israel maná cuarenta años, hasta que llegaron a tierra habitada; maná comieron hasta que llegaron a los límites de la tierra de Canaán.


       Este otro “milagro” no fue suficiente para que ellos aprendieran a creer en su señor; aún cuando estaban recolectando pan caído del cielo, continuaron murmurando contra Yahvé o Jehová por que tenían sed. ¿Acaso no es más fácil hacer que agua caiga del cielo que pan? ¿Por qué no creían que dios les podía mandar lluvia?


       Y entonces:

Éxodo


17:6 He aquí que yo estaré delante de ti allí sobre la peña en Horeb; y golpearás la peña, y saldrán de ella aguas, y beberá el pueblo. Y Moisés lo hizo así en presencia de los ancianos de Israel.


       Pero era verdad que Yahvé o Jehová no podía hacer que callera la lluvia. ¿No es eso extraño, pan cae del cielo pero no agua? Moisés tuvo que encontrar una forma de conseguirles agua. Golpeó una roca con su báculo, y algunos ancianos lo vieron, y los hijos de Israel calmaron su sed.


       Después, el milagro esencial ocurrió. La evidencia por la cual todo católico o cristiano de nuestros días literalmente moriría; oír la voz de dios. Todos los católicos y cristianos del mundo le hablan a dios, y ellos piensan que él les responde, por eso es que continúan adorándolo. Pero los antiguos hebreos no sólo imaginaban que dios les hablaba. Realmente escucharon su voz, viniendo de una nube. ¿Puedes imaginarte tal suceso? Si eso sucediera en un estadio lleno de feligreses durante la predicación de Benny hinn o de Joel Osteen, para empezar, algunos iban a morir de la impresión. El resto quedaría marcado para siempre.  Nada ni nadie podría convencerlos de seguir a otras deidades como Alá, Shiva, Buda, etc.


Éxodo


19:9 Entonces Jehová dijo a Moisés: He aquí, yo vengo a ti en una nube espesa, para que el pueblo oiga mientras yo hablo contigo, y también para que te crean para siempre.


19:16 Aconteció que al tercer día, cuando vino la mañana, vinieron truenos y relámpagos, y espesa nube sobre el monte, y sonido de bocina muy fuerte; y se estremeció todo el pueblo que estaba en el campamento.


19:17 Y Moisés sacó del campamento al pueblo para recibir a Dios; y se detuvieron al pie del monte.


19:18 Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera.


19:19 El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante.


       Pero para los hijos de Israel, el oír a Yahvé o Jehová hablar con Moisés no era suficiente. Seguían inseguros de que él fuera el ungido. Lee lo que pasó 40 días y 40 noches después de ese “maravilloso” suceso:


Éxodo


32:1 Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.


32:2 Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.


32:3 Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón;


32:4 y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.


32:5 Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová.


32:6 Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.


32:7 Entonces Jehová dijo a Moisés: Anda, desciende, porque tu pueblo que sacaste de la tierra de Egipto se ha corrompido.


32:8 Pronto se han apartado del camino que yo les mandé; se han hecho un becerro de fundición, y lo han adorado, y le han ofrecido sacrificios, y han dicho: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto.


32:9 Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz.


32:10 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande.


       ¿Qué le pasaba a esa gente? ¿Qué clase de seres eran los hijos de Israel? Después de presenciar todos esos milagros y escuchar la mismísima voz de dios, le daban la espalda ¡40 días más tarde! ¿Cuál era la prisa? Ya no los perseguía ningún ejército. ¿No podían esperar uno o dos días más para continuar su viaje?


       ¡Y Aarón! ¿Acaso no era él el colíder de la expedición? ¿No había él presenciado los mismos milagros que sus hermanos? Sin embargo, cuando el resto del pueblo le pidió que construyera otro dios porque Moisés había tardado 40 días, ¡40 días! Él inmediatamente lo hizo. No argumentó nada. No trató de razonar con ellos. Debió haberles dicho, “Hijos de Israel. Piensen dos veces en lo que me están pidiendo que haga. ¿Acaso no han presenciado todas las maravillas que el señor ha hecho por ustedes? ¿No fueron esclavos durante más de 400 años antes de que él los liberara? ¿No vieron las plagas en Egipto? ¿No caminaron en tierra seca porque dividió las aguas del Mar Rojo? ¿No están comiendo el maná caído del cielo todos los días? ¿No están bebiendo agua del manantial de la roca? ¡Y ahora quieren que les haga otro dios! ¿Qué les pasa?


       Pero nada parecido a eso salió de la boca de Aarón. En lugar de eso, estuvo presto a hacerles un dios diferente. Probablemente pensó, “Si Moisés puede crear dioses, yo también puedo.” Aquí puedes ver claramente como surgían los dioses. La propia gente los hacía. Los hebreos lo sabían. Por eso es que le pidieron a Aarón que les creara uno.


       ¡Es verdad! Yahvé o Jehová no realizó ningún milagro, y Moisés tampoco. Una vez más, son sólo cuentos. ¿Cómo podría alguien abandonar a un dios que ha probado una y otra vez sus grandes poderes?


       Los hijos de Israel no presenciaron nada. Los convencieron para que escaparan cuando eran felices trabajando para los egipcios. Al menos allá, tenían comida que comer y agua que beber. Eso era lo que le recriminaban a Moisés una y otra vez:


Éxodo


16:2 Y toda la congregación de los hijos de Israel murmuró contra Moisés y Aarón en el desierto;


16:3 y les decían los hijos de Israel: Ojalá hubiéramos muerto por mano de Jehová en la tierra de Egipto, cuando nos sentábamos a las ollas de carne, cuando comíamos pan hasta saciarnos; pues nos habéis sacado a este desierto para matar de hambre a toda esta multitud.


17:2 Y altercó el pueblo con Moisés, y dijeron: Danos agua para que bebamos. Y Moisés les dijo: ¿Por qué altercáis conmigo? ¿Por qué tentáis a Jehová?


17:3 Así que el pueblo tuvo allí sed, y murmuró contra Moisés, y dijo: ¿Por qué nos hiciste subir de Egipto para matarnos de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?


17:4 Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán.


       Entre los católicos, ¿quién se atrevería a lapidar al papa? Entre los mormones, ¿quién se atrevería a apedrear a su profeta? ¡Nadie! Sin embargo, los hijos de Israel estaban dispuestos a matar a Moisés. ¿Por qué? Tal vez te estés preguntando. Porque ellos pensaban que fueron engañados. Moisés les dijo que estarían mejor si escapaban. Pero cuando sintieron la adversidad sobre sus hombros, ya no querían continuar. Culpaban a Moisés de todas las calamidades que estaban sufriendo.


       Leamos lo que Moisés hizo cuando se enteró del becerro de oro que Aarón creó para ser adorado como dios:


Éxodo


32:19 Y aconteció que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.


       De acuerdo a la tradición hebrea, todo lo que Yahvé o Jehová toca, es sagrado. El Monte Sinaí es sagrado. El arca de la alianza era sagrada y el altar del templo era sagrado. Y siguiendo esta tradición, las dos tablillas que contenían los diez mandamientos tenían que ser sagradas, también.


       ¡Pero Moisés ignoró ese hecho y las azotó en el piso! Esa no es la reacción de un hombre santo que acaba de estar con dios, y que ha recibido la espina dorsal del código de conducta de su pueblo. Esa fue la reacción de un hombre que había arriesgado todo para salvar los hijos de alguien más. Gente, que, él pensaba, debía estarle agradecida. Mas, al contrario, le habían dado la espalda sólo porque le llevó 40 días alisar dos tablillas de roca y grabar en ellas los diez mandamientos. Sé que piensas que Yahvé o Jehová realmente le dio esas tablillas a Moisés, pero, si así fue, ¿por qué las rompió? Si la gente de Israel no las quería, debió haberlas guardado para él y adorarlas por siempre. Las rompió porque había trabajado todo ese tiempo para nada.                 


       Además, según génesis, a Yahvé o Jehová le   llevó seis días hacer la tierra, la luz, los océanos, todas las plantas, todos los animales y Adán y Eva, ¡y le llevó 40 días para hacer dos tablillas de piedra! Alguien me tiene que estar tomando el pelo.


       Moisés ni tenía poderes, ni herramientas de poder. Tuvo que trabajar con mucho ahínco para hacer esas tablillas. Con razón sus ojos se llenaron de furia cuando descubrió que su gente lo había traicionado.


       Ahora leamos lo que hizo después de estrellar las tablillas:


Éxodo


32:20 Y tomó el becerro que habían hecho, y lo quemó en el fuego, y lo molió hasta reducirlo a polvo, que esparció sobre las aguas, y lo dio a beber a los hijos de Israel.


       ¿Ves? ¡Los hebreos eran como niños! Moisés hizo que los tres millones de ellos bebieran el agua que mescló con el oro. Los niños creen en Santa Claus sólo porque sus padres les dicen que existe. Si vieran el trineo volando, creerían en él hasta en su vida adulta. De la misma manera, si los hebreos hubiesen visto cualquiera de los supuestos milagros, nunca hubieran dudado de Moisés.


       Sigamos leyendo:


Éxodo


32:21 Y dijo Moisés a Aarón: ¿Qué te ha hecho este pueblo, que has traído sobre él tan gran pecado?


32:22 Y respondió Aarón: No se enoje mi señor; tú conoces al pueblo, que es inclinado a mal.  


32:23 Porque me dijeron: Haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.


32:25 Y viendo Moisés que el pueblo estaba desenfrenado, porque Aarón lo había permitido, para ver güenza entre sus enemigos.


32:26 se puso Moisés a la puerta del campamento, y dijo: ¿Quién está por Jehová? Júntese conmigo. Y se juntaron con él todos los hijos de Leví.


32:27 Y él les dijo: Así ha dicho Jehová, el Dios de Israel: Poned cada uno su espada sobre su muslo; pasad y volved de puerta a puerta por el campamento, y matad cada uno a su hermano, y a su amigo, y a su pariente.


32:28 Y los hijos de Leví lo hicieron conforme al dicho de Moisés; y cayeron del pueblo en aquel día como tres mil hombres.


       En estos pasajes, Moisés perdió toda su divinidad. Nos mostró el ser humano que siempre había sido. Actuó como el líder militar que quería ser cuando convenció a los hijos de Israel para que huyeran de Egipto. Diezmó a su ejército. ¡Mató cerca de 3,000 hombres! Ahora tal vez te estés preguntando por qué el autor está dispuesto a creer esto y no todos los milagros que Moisés realizó. La respuesta es simple. Matar es el recurso de todo líder religioso-militar para hacer que la gente acepte a sus dioses. Esa fue la forma en que el catolicismo se diseminó por todo el imperio romano. Así fue como los españoles cristianizaron América. Ninguno de ellos realizó algún milagro. “Convirtieron” a la gente con la espada. Moisés no era diferente. De hecho, puso el ejemplo de cómo lidiar con aquellos que se resistían. Constantino y, más tarde, la jerarquía de la iglesia católica sólo tuvieron que seguir los métodos de Moisés.


       Prueba sólida de que Yahvé o Jehová no le dio las tablillas a Moisés, sino que fue Moisés mismo quien las hizo, yace en los siguientes pasajes:


Éxodo


34:1 Y Jehová dijo a Moisés: Alísate dos tablas de piedra como las primeras, y escribiré sobre esas tablas las palabras que estaban en las tablas primeras que quebraste.


34:2 Prepárate, pues, para mañana, y sube de mañana al monte de Sinaí, y preséntate ante mí sobre la cumbre del monte.


34:3 Y no suba hombre contigo, ni parezca alguno en todo el monte; ni ovejas ni bueyes pazcan delante del monte.


34:4 Y Moisés alisó dos tablas de piedra como las primeras; y se levantó de mañana y

subió al monte Sinaí, como le mandó Jehová, y llevó en su mano las dos tablas de piedra.


       Yahvé o Jehová le ordena a Moisés que alise dos tablillas de piedra. ¿Por qué? Eso no tiene sentido. Yahvé o Jehová puede crear planetas y estrellas, pero ¡no puede alisar dos tablillas de piedra! Y antes del incidente del becerro de oro,


       Yahvé o Jehová decidió hablar en voz alta con Moisés para que el resto de la congregación pudiera oírlo, y todas las dudas acerca de él se borraran, pero ¡no quiere que lo vean escribir! Si realmente quería que los hebreos creyeran en Moisés y en él mismo, ¿por qué no escribió también delante de ellos? O estaba bien que lo escucharan hablar, pero no que lo vieran escribir. ¿Acaso la escritura se debía mantener en secreto? ¿No sería esa una mejor prueba de la existencia y el poder de Yahvé o Jehová?


       Tal vez por eso fue que la iglesia católica mantuvo la escritura en secreto por más de un milenio. Estaban siguiendo el ejemplo de dios.


       Aquí está la verdad que no quieres escuchar. ¡Moisés tuvo que escalar al Monte Sinaí solo porque iba a grabar los mandamientos él mismo! Si alguien lo hubiera visto haciéndolo, nadie le habría creído todos sus cuentos acerca de Yahvé o Jehová.


       Moisés no realizó ningún milagro. Los escritores de la biblia lo hicieron realizarlos. Reitero. Ningún hebreo habría dudado de Moisés si lo hubieran visto ejecutar, no todos, sino uno sólo de ellos.


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